Sábado 25 de Mayo de 2024 - 10:33:08

El flamante vicepresidente del Partido Conservador se despachó: “Nadie cometió un crimen después de ser ejecutado. Es una medida que tiene un porcentaje de éxito absoluto: el 100 por ciento”. 

 (Fuente: EFE)

Es un clásico. Cuando las papas queman, los conservadores sacan los tambores de guerra con la pena de muerte a la cabeza. El flamante vicepresidente del Partido Conservador, Lee Anderson, nombrado esta semana por el primer ministro Rishi Sunak, levantó polvareda pidiendo una reinstalación de la pena de muerte, criticando los bancos humanitarios de alimentos y proponiendo un bloqueo naval de los refugiados que intentan cruzar el Canal de la Mancha que divide como un abismo a Francia y el Reino Unido.

En una entrevista con el conservador semanario The Spectator, Anderson cubrió estos temas que hacen las delicias de la derecha conservadora más rancia. “Nadie cometió un crimen después de ser ejecutado. Es una medida que tiene un porcentaje de éxito absoluto: el 100 por ciento”, dijo Anderson.

Hombre de convicciones inamovibles, no se inmutó ante la posibilidad de ejecutar a un inocente. “Hay ciertos grupos que dicen que nunca se puede probar del todo un crimen. No es así. Se puede probar sin lugar a dudas si el crimen fue captado por video como sucedió con los asesinos de Lee Rigby (… acuchillado por dos islamistas en plena calle de Londres en 2013…). Los deberíamos haber ejecutado públicamente esa misma semana. No quiero que mis impuestos sirvan para pagar la cárcel de estos individuos”, señaló el actual vicepresidente del Partido Conservador.

Antiinmigrante
En las misma línea bélica son sus “soluciones” a la inmigración. “Los que cruzan el canal en botes encuentran un país en el que las calles están pavimentadas con oro, donde no los alojan en una tienda de mierda (…fucking scruffy tent….) sino en un hotel de cuatro estrellas. Yo los enviaría el mismo día de vuelta a Calais en una fragata de la Armada británica. Allí me prepararía para un largo impasse hasta que se resuelva la situación”.

En este discurso clásico de la mano dura, no podía faltar la victimización de la pobreza. El año pasado en el parlamento Anderson declaró que la proliferación de bancos de alimentos en el Reino Unido (casi 200 solo en Inglaterra) se debía a que sus usuarios carecían de habilidades culinarias y manejo presupuestario porque con 30 peniques (45 centavos de dólar) se podía hacer una comida. “Me hice cargo solo de la educación de mis dos hijos durante 17 años así que no voy a aceptar lecciones de nadie sobre lo que es pasarla mal. Sé lo que es poner tu último billete de cinco libras en el regulador de gas para poder tener calefacción y gas. Sé lo que es vender tu coche porque no te da para mantenerlo”, se defendió Anderson en el The Spectator.

Recalcitrantes y trabajadores desclasados
Anderson apela a la vena más recalcitrante del partido conservador y a los sectores más "moralmente" conservadores de la clase trabajadora empobrecida del norte inglés que votó a Boris Johnson en 2019.

En el caso de la pena de muerte solo estos sectores están a favor. La pena capital se abolió en 1965. En el siglo 16 se aplicaba con asombrosa ligereza: se podía ejecutar a desempleados y vagos. Enrique VIII no solo descabezó a sus esposas: se calcula que unas 72 mil personas fueron ejecutadas por “vagancia”. Recién en la posguerra se produjo la última ejecución: una mujer, Ruth Ellis, fue sentenciada en 1955 a la horca por el asesinato de su amante. Tuvieron que pasar otros 10 años para que la sociedad y el parlamento aceptaran la abolición. Desde entonces, la Cámara de los Comunes repelió intentos de restaurarla y una abrumadora mayoría de la opinión pública se opone a un regreso a la barbarie.

En el caso de los bancos de alimentos la posición de Anderson es ligeramente más popular dentro y fuera del partido, pero también representa una posición minoritaria. En el tema de la inmigración un porcentaje más amplio (alrededor del 30%) cree que hay que librarse como sea de los inmigrantes, pero casi el 50% de la población opina que son un aporte positivo a la sociedad.

A pesar de esta disonancia con el resto de la sociedad, la posición dura de Anderson lo ha convertido en una estrella interna del Partido Conservador. Desde que se convirtió en diputado de Nottingham, en el norte de Inglaterra, uno de los escaños de la otrora muralla roja (votantes históricos del laborismo que se pasaron a los conservadores en las elecciones de 2019 que entronaron a Boris Johnson de la mano del Brexit duro), Anderson ha recorrido diversos circuitos de charlas y conferencias en las Asociaciones conservadoras del país donde cosechó ovaciones de su audiencia.

No todos los conservadores, sin embargo, están celebrando su ascenso. El ala moderada señala que este tipo de retórica va a terminar de repeler a los votantes del sur inglés que oscilan entre los conservadores y los liberal demócratas: esto le puede costar muchos escaños en las elecciones generales del próximo año. Pero además el presidente y vicepresidente del Partido son tradicionales voceros y defensores del gobierno en los medios.

Este jueves, a solo dos días de su nombramiento, el mismo primer ministro tuvo que salir a desmarcarse de las declaraciones de Anderson sobre la pena de muerte. “No estoy de acuerdo con lo que dijo. No es mi visión ni la del partido. Pero los conservadores estamos unidos en nuestra decisión de terminar con la delincuencia y que nuestras calles sean otra vez seguras por lo que vamos a endurecer las condenas para los más violentos”, dijo Sunak.

Sobre pirómanos e incendios
A menos que ocurra lo extremadamente improbable y Anderson modere sus intervenciones, está claro que sus entrevistas públicas se van a convertir en un continuo volcán en erupción para el gobierno. La pregunta obvia es ¿por qué lo nombró Sunak?

Los conservadores están arrinconados. Hay un plan de lucha desde junio pasado en los servicios públicos, el transporte anda a cuenta gotas, el Servicio Nacional de Salud (NHS) está desintegrándose con un 10% de vacantes en sus filas y una lista de espera de más de siete millones de personas, la inflación es de dos dígitos, acaban de aumentar las tasas de interés bancarias y amenazan con el fantasma del impago a más de dos millones de hogares, la recesión se va a extender por el resto del año (según el FMI el Reino Unido es el único país desarrollado, incluyendo a Rusia, que tendrá crecimiento negativo este año).

Esta lista de calamidades es apenas una muestra de un partido que está en el poder desde hace 13 años con la consigna de la austeridad. ¿Tiene sentido poner a un pirómano a apagar el fuego? En apariencia el objetivo es sobrevivir las elecciones locales de mayo donde todo parece apuntar a que los conservadores perderán muchísimos municipios y cientos de concejales. No es una mera elección local. Inglaterra es un país unitario donde solo hay gobierno central y municipios: no existe el estamento provincial.

En teoría el mensaje duro de Anderson alentaría a que sus propios votantes superen el desaliento de la crisis y vayan a las urnas a la vez que ayudaría a sostener en pie algo de la muralla roja que votó a los conservadores en 2019 y que hoy se siente decepcionada por el incumplimiento de sus promesas. En medio de tanta crisis será un extraordinario pase de magia si esta retórica incendiaria evita una hemorragia de votos que podría hacer tambalear al primer ministro Rishi Sunak.

Fuente: pagina12.com.ar