Por segundo año consecutivo, cerca de la frontera con México, vecinos se reunieron para ver el discurso de Trump con la intención de lanzar chancletas hacia la pantalla cada vez que el mandatario dijera algo falso o injusto.

Un hombre en San Diego lanza una chancleta a la pantalla durante el discurso de Trump.

Como si se tratara un niño al que reprender por sus mentiras y barrabasadas, decenas de vecinos de San Diego, California, se juntaron para tirarle chancletazos a la imagen televisada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su discurso del Estado de la Nación ante el Congreso.
Por segundo año consecutivo, vecinos de la comunidad de Barrio Logan, cerca de la frontera con México, se reunieron para ver el informe anual de Gobierno con la intención de lanzar chancletas hacia la pantalla cada vez que el mandatario dijera algo que consideraran falso o injusto.

Pedro Ríos, director del Comité de Amigos Americanos en San Diego, organismo detrás del evento, explica que esta iniciativa con objetivo catártico sirve de oportunidad para que las personas se puedan desahogar ante un presidente y unas políticas difíciles para buena parte de la comunidad latina. Esta especie de comedia sirve para desquitarse de toda la tensión que ha provocado Trump desde que llegase al poder en enero de 2017, dice el organizador.

Alberto Osornio, residente de San Ysidro, comunidad que alberga el paso fronterizo entre Tijuana y San Diego, coincide con Ríos en que el mandatario les ha dañado en múltiples maneras y aunque sea de esta manera particular se sacan de encima el estrés y la angustia que causa la militarización de la frontera. Y es que se anticipaba que el tema migratorio sería uno de los puntos centrales del discurso ante el Congreso de Trump, que aprovecha la reciente llegada de caravanas de centroamericanos a la frontera sur en busca de asilo político para reincidir en su petición de fondos para construir el muro con México.

Una vez que se inició la transmisión por televisión, no tardó mucho en volar la primera chancleta de la noche y no fue precisamente dirigida al presidente. La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, fue recibida por algunos de los presentes de esta peculiar manera, en rechazo a la política de tolerancia cero que derivó en la separación de miles de familias migrantes en la frontera en 2018, y por la cual, aún hay menores en custodia de autoridades federales. “Esta va por los niños”, expresó uno de los asistentes tras arrojar su sandalia.

Pero la lluvia de abucheos, consignas y más chancletazos se desató en el momento en que el presidente ingresó a la sala del Congreso y se acrecentó cada vez que tocó el tema migratorio, especialmente cuando reiteró su propuesta de enviar más soldados a la que denominó como “muy peligrosa frontera sur”. El mandatario hizo mención a la ciudad de San Diego, de la que dijo, “solía tener la mayor parte de los cruces ilegales en el país” hasta que se levantó una valla en el límite con México.

Bastó la frase “los muros funcionan y los muros salvan vidas”, para incomodar aún más a los presentes, que no tuvieron más remedio que hacer turnos para recoger las numerosas chancletas que terminaban en el suelo para prepararse para una siguiente ronda de chancletazos.

Con el paso de los minutos, la puntería de los presentes iba mejorando, aunque hubo quienes prefirieron acercarse a la pared en la que se proyectó el discurso para reducir al mínimo sus opciones de errar con el proyectil.

“Es algo cultural, siempre recordamos que cuando uno desobedecía a su mamá o a su abuela, y ellas agitaban una chancla (chancleta) para apaciguar”, recuerda Ríos.

Karen Plascencia, activista del Comité de Derechos Humanos de Oceanside, vio en esta expresión una forma de defender la integridad de comunidad latina e inmigrante. “Es hacer todo un chiste de esta política racista de Trump y su discurso patético”, señaló.