Domingo 15 de Julio de 2018 - 20:07:56

Scott Raymond Dozier fue condenado por dos asesinatos y hace años que pide ser ejecutado. En la madrugada de este jueves le iban a aplicar la inyección letal pero la cuestionaron por dolorosa y no hubo ejecución.

“He sido muy claro sobre mi deseo de ser ejecutado…incluso si el sufrimiento es inevitable”, escribió de puño y letra Scott Raymond Dozier en una nota enviada a una jueza del tribunal estatal que pospuso su ejecución en noviembre del 2007, por considerar que la inyección, no probado antes, podía sofocarlo.

A más de diez años, el 8 de junio pasado, Dozier repitió su deseo de morir durante una breve entrevista telefónica con el periódico Las Vegas Review-Journal: “La vida en prisión no es vida”, dijo el recluso de 47 años, “simplemente es sobrevivir”.

Scott Raymond Dozier espera desde el 2007 su ejecución. AP

“Ha pasado mucho tiempo, su señoría. Estoy listo”, fue la respuesta de Scott Dozier cuando la jueza Jennifer Togliatti anunció la fecha en la que sería ejecutado en la prisión estatal de Ely, en Nevada. El miércoles 11 de julio de 2018.

Pero no pudieron cumplir el deseo de este hombre de 47 años.

En la madrugada de este jueves, el estado de Nevada, que intentaba ejecutar a su primer reo en 12 años, empleando una combinación de medicamentos no probada, retrocedió en el proceso, y Dozier, condenado por dos asesinatos, regresó al corredor de la muerte luego de que un tribunal demoró su inyección letal.

LA entrada a la prisión de Ely, donde se encuentra Dozier. AP

El abogado de Scott Raymond Dozier, Thomas Ericsson, dijo que la jornada del miércoles fue "una montaña rusa" para su cliente, su familia y dos amigos cercanos con los que se reunió creyendo que sería su último día sobre la Tierra, en una prisión en la remota ciudad de Ely, en el noreste de Nevada. Se enteraron de la cancelación seis horas antes de la hora prevista.
Dozier, cuya ejecución fue pospuesta en noviembre por preocupaciones sobre los fármacos empleados y quien intentó suicidarse en el pasado en prisión con una sobredosis de un antidepresivo, algo que no lo mató pero lo mantuvo dos semanas en coma, estaba decepcionado, apuntó Ericsson.

Personal del departamento de ejecuciones se lleva las drogas que iban a ser utilizadas en la ejecución. AP

La demora del miércoles se produjo luego de que Nevada anunció la semana pasada que sustituiría las partidas caducadas de diazepam, conocido comúnmente como Valium, con el sedante midazolam. Esto hizo que expertos en pena de muerte mostrasen su preocupación por si Dozier estaría lo suficientemente inconsciente como para no reaccionar al dolor cuando se le administrase el fentanyl.

La fabricante del Midazolam, la farmacéutica Alvogen de Nueva Jersey, presentó una demanda en una corte estatal alegando que el gobierno de Nevada obtuvo ilegalmente el medicamento para fines no autorizados.
La demora hace que Nevada se replantee sus opciones y reaviva un debate sobre la forma en la que los 31 estados con pena capital aplicarán la condena en una era en la que las fabricantes pueden prohibir que sus fármacos se empleen con ese uso.

La jueza Elizabeth Gonzalez anuncia esta madrugada que suspende la ejecución. AP

¿Pero quien es este asesino que quiere morir y no lo ejecutan?
Hijo de un ingeniero del agua federal, creció en Boulder City, Nevada y asistió a la secundaria en Phoenix. Es veterano del ejército y se retiró con honores. Luego se convirtió en paramédico durante el embarazo de alto riesgo de su entonces esposa. Tras eso fue pastelero, paisajista y fabricante y distribuidor de metanfetamina.

Fue abusado sexualmente por un vecino adolescente desde sus 5 hasta sus 7 años y le diagnosticaron un trastorno antisocial de la personalidad con rasgos narcisistas. Con Angela Drake, su ex esposa, tuvo un hijo. Ahora también tiene una nieta.

La pena de muerte le llegó por robar, matar y descuartizar a Jeremiah Miller, de 22 años, en un motel de Las Vegas durante el 2002. El asesino se quedó con los 12.000 dólares que el muchacho había llevado.

Attorney Todd Bice, representante de la empresa que fabrica una de las drogas de la inyección letal, expone ante la jueza González. AP

Miller había venido a Nevada desde Phoenix para comprar ingredientes para fabricar metanfetamina. Su torso desmembrado fue encontrado dentro de una maleta en un basurero de un complejo de departamentos. Le faltaban las piernas y las manos. El torso fue identificado por los tatuajes en los hombros. Su cabeza nunca fue encontrada, aunque un informante le había dicho a la policía que Dozier había presumido de haberla metido en un cubo de cemento.

Después de su arresto por la muerte de Miller, fue acusado del asesinato de Jasen Greene, un hombre de 26 años cuyo cadáver fue hallado desmembrado y enterrado en el desierto de Arizona. Un testigo dijo que Dozier usó un mazo para romper las extremidades de Greene, para que el cadáver entrara en una bolsa de plástico que Dozier usó para transportar metanfetamina y productos químicos.

La nueva sala de ejecuciones de la prisión de Ely, cuya construcción costó 860.000 dólares. No pudo tener el triste comienzo con la ejecución de Dozier (Servicio Penal EE.UU.).

Dozier siempre negó haber sido responsable de esta segunda muerte. Según su relato, a petición de una amiga él dio alojamiento a Greene en el tráiler que usaba para preparar las metanfetaminas. Un día, al llegar allí, lo halló muerto pero decidió enterrarlo en lugar de avisarle a la policía para evitar que descubrieran su negocio con la droga.

“Estoy cansado de ser el peón de otros. Las autoridades gastaron millones de dólares para condenarme a muerte y, luego, millones de dólares no matándome. Esto no tiene ningún sentido”, dijo Dozier hace unos días.

Esta madrugada, Nevada esperaba estrenar la nueva sala de ejecuciones de la prisión de Ely, cuya construcción costó 860.000 dólares. Pero la ejecución de Dozier no sucedió.

Una de las drogas polémicas que integran la inyección letal.

Le iban a aplicar un cóctel nunca antes probado conformado por midazolam (un sedante), fentanyl (un opioide) y cisatracurio (un paralizante neuromuscular).

El problema era el cisatracurio, un producto que podía generar en Dozier una sensación de ahogamiento y causar, según un experto, “sufrimiento y dolor cruel” llevando al preso a tener “una experiencia horrible”.

La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles también cuestionó el uso del midazolam, empleado anteriormente en ejecuciones problemáticas ocurridas en al menos 7 estados del país, en las que los condenados han tardado en morir y, antes de hacerlo, han dado visibles muestras de sufrimiento.

“Ha pasado mucho tiempo, su señoría. Estoy listo”, fue la respuesta de Scott Dozier cuando la jueza Jennifer Togliatti anunció la fecha en la que sería ejecutado en la prisión estatal de Ely en Nevada. AP

A Dozier no le importaba. “¿No hay nada que haya ocurrido en el último año, incluyendo las discusiones sobre los fármacos, sobre su eficacia… el hecho de que los que han sido usados en otros estados han llevado a problemáticas, largas y quizá dolorosas ejecuciones?, ¿nada de eso le ha disuadido de pedirme que firme esta orden?”, le preguntó la jueza Togliatti en julio del año pasado antes de dar luz verde a su muerte.

“Francamente, su señoría, todas esas personas terminaron muertas y ese es mi objetivo aquí”, respondió Dozier.

Su deseo se ha suspendido indefinidamente.