Martes 23 de Octubre de 2018 - 03:38:01

Desde el inicio de su pontificado el papa Francisco viene denunciando un sistema económico "que mata" y descarta a demasiados. En línea con esto y con su aprobación, el Vaticano publicó hoy un documento que reclama la reglamentación del sistema financiero internacional, al que considera en muchos casos "inmoral", y critica especialmente al mercado offshore.

Francisco mira la hora, ayer, durante la audiencia de los miércoles

"El mundo de las finanzas offshore, a través de los ampliamente difusos canales de elusión fiscal -la evasión y el lavado de dinero sucio- constituye otra razón de empobrecimiento del sistema normal de producción y distribución de bienes y servicios", denuncia el nuevo documento, titulado en latín Oeconimicae et pecuniariae quaestiones (Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y finanicero).

Se trata de un texto de 34 puntos que sorprende porque, por primera vez, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), una de las oficinas más importantes de la Santa Sede, trata asuntos de índole financiera, que fue realizado junto al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI). "Es difícil discernir si muchas de estas situaciones del mercado offshore dan lugar a casos de inmoralidad próxima o inmediata: es ciertamente evidente que tales realidades, donde substraen injustamente linfa vital a la economía real, difícilmente pueden encontrar una justificación, ya sea desde el punto de vista ético, ya sea en términos de la eficiencia global del mismo sistema económico", sentencia el texto.

El nuevo documento, que fue presentado hoy en una conferencia de prensa por el titular de la CDF, el monseñor español Luis Ladaria y el cardenal ganés Peter Turkson, al frente del DSDHI, recuerda que el mercado offshore nació para evitar que los inversores institucionales sufrieran una doble tasación, primero en su país de residencia y luego en el país en el que están domiciliados los fondos. Pero subraya que hoy, de hecho, "estos lugares se han convertido en ocasión de operaciones financieras a menudo al límite de la legalidad", tanto desde el punto de vista de su legalidad normativa, como desde el punto de vista ético, es decir, de una "cultura económica sana y libre del mero propósito de elusión fiscal".

"En la actualidad, más de la mitad del comercio mundial es llevada a cabo por grandes sujetos, que reducen drásticamente su carga fiscal transfiriendo los ingresos de un lugar a otro, dependiendo de lo que les convenga, transfiriendo los beneficios a los paraísos fiscales y los costos a los países con altos impuestos", indica el Vaticano. "Está claro que esto ha restado recursos decisivos a la economía real, y ha contribuido a la creación de sistemas económicos basados en la desigualdad", denuncia.

"Por otra parte, no es posible ignorar que esas sedes offshore se han convertido en lugares de lavado de dinero "sucio", es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra...)", afirma.

La presentación del documento en el Vaticano

En el documento, de 15 páginas, el Vaticano afirma que dada la falta de transparencia de estos sistemas es difícil determinar con precisión la cantidad de capital que pasa a través de ellos. Y lanza una propuesta: "se ha calculado que bastaría un impuesto mínimo sobre las transacciones offshore para resolver gran parte del problema del hambre en el mundo: ¿por qué no hacerlo con valentía?".

Subraya, por otro lado, que "se ha demostrado que la existencia de sedes offshore favorece asimismo enormes salidas de capital de muchos países de bajos ingresos, generando numerosas crisis políticas y económicas e impidiendo a los mismos embarcarse finalmente en el camino del crecimiento y del desarrollo saludable".

Aunque constata que diversas instituciones internacionales han denunciado reiteradamente todo esto, el Vaticano llama a hacer más. "Es necesario y urgente que, a nivel internacional, se apliquen los remedios apropiados a estos sistemas inicuos; en primer lugar, practicando a todos los niveles la transparencia financiera (por ejemplo, con la obligación de rendición de cuentas, para las empresas multinacionales, de sus respectivas actividades e impuestos pagados en cada país donde operan a través de sus filiales); y también con sanciones incisivas impuestas a los países que reiteren las prácticas deshonestas", aconseja.

Deuda pública
El documento también señala que especialmente en los países con economías menos desarrolladas, el sistema offshore ha empeorado la deuda pública.

"Se ha observado, en efecto, que la riqueza privada acumulada en los paraísos fiscales por algunas élites ha casi igualado la deuda pública de sus respectivos países", afirma. "Esto evidencia asimismo que, de hecho, en el origen de esa deuda a menudo están los pasivos económicos generados por privados y luego descargados sobre los hombros del sistema público. Entre otras cosas, es bien sabido que importantes sujetos económicos tienden a buscar la socialización de las pérdidas, frecuentemente, con la connivencia de los políticos", acusa.

"Sin embargo, es oportuno señalar que la deuda pública se genera, a menudo, también por una gestión imprudente -cuando no dolosa- del sistema de administración pública. Esta deuda, es decir, el conjunto de pasivos financieros que pesan sobre los Estados, representa hoy uno de los mayores obstáculos para el buen funcionamiento y crecimiento de las distintas economías nacionales. Numerosas economías nacionales se ven de hecho agobiadas por el pago de los intereses que provienen de esa deuda y, por lo tanto, se ven en la necesidad de hacer ajustes estructurales con ese fin", afirma el documento.

Conductas inmorales
El documento critica asimismo "las conductas inmorales de representantes del mundo financiero"; y sugiere establecer comités éticos, dentro de los bancos, para apoyar a los consejos de administración. Indica también que es urgente "una regulación y evaluación pública super partes del comportamiento de las agencias de rating de crédito. Critica asimismo productos financieros como los llamados "derivados", que han favorecido el surgimiento de burbujas especulativas, "que han sido importantes concausas de la reciente crisis financiera"; los credit deafult swap (permuta de incumplimiento crediticio) y los sistemas bancarios paralelos (shadow banking system).

"Es evidente que la improvisa aleatoriedad de estos productos los hace cada vez menos aceptables desde el punto de vista de una ética respetuosa de la verdad y del bien común, ya que los transforma en una especia de bomba de relojería, listas para explotar antes o después", sostiene.

Desigualdades en aumento
Dividido en tres partes, el documento al principio afirma que "si bien es cierto que el bienestar económico global ha aumentado en la segunda mitad del siglo XX, en medida y rapidez nunca antes experimentadas, hay que señalar que al mismo tiempo han aumentado las desigualdades entre los distintos países y dentro de ellos".

"El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme", deplora. "La reciente crisis financiera era una oportunidad para desarrollar una nueva economía más atenta a los principios éticos y a la nueva regulación de la actividad financiera, neutralizando los aspectos depredadores y especulativos y dando valor al servicio a la economía real", agrega.

Tras destacar la importancia de una "ética amiga de la persona" y de una visión adecuada del hombre, basada en la Doctrina Social de la Iglesia, el documento afirma que "es evidente que ese potente propulsor de la economía que son los mercados es incapaz de regularse por sí mismo".

"Hay que destacar que en el mundo económico y financiero se dan casos en los cuales algunos de los medios utilizados por los mercados, aunque no sean en sí mismos inaceptables desde un punto de vista ético, constituyen sin embargo casos de inmoralidad próxima, a saber, ocasiones en las cuales con mucha facilidad se generan abusos y fraudes, especialmente en perjuicio de la contraparte en desventaja", indica. "Por ejemplo, comercializar algunos productos financieros, en sí mismos lícitos, en situación de asimetría, aprovechando las lagunas informativas o la debilidad contractual de una de las partes, constituye de suyo una violación de la debida honestidad relacional y es una grave infracción desde el punto ético", apunta.

Critica, por otro lado, "la aplicación de tasas de interés excesivamente altas, que de hecho no son sostenibles por los prestatarios", algo que "representa una operación no solo ilegítima bajo el perfil ético sino también disfuncional para la salud del sistema económico". "Desde siempre, semejantes prácticas, así como los comportamientos efectivamente usurarios, han sido percibidos por la conciencia humana como inicuos y por el sistema económico como contrarios a su correcto funcionamiento", recuerda.