Domingo 27 de Mayo de 2018 - 13:01:45

El multifacético artista habló sobre su nueva obra, Casa Valentina, su presente "convencional" y la actualidad nacional.

—¿Qué es lo mejor de ser famoso?
—Poder disfrutar de que hay una devolución del afuera, que en mi caso particular reconoce mi trabajo, no solamente mi fama.
 
—¿Y lo peor?
—Lo peor de ser famoso es que en el mundo del espectáculo y con la fama hay mucha gente estúpida y a veces uno queda asociado con la estupidez del otro. A veces a mí me da vergüenza escuchar a compañeros o gente de la producción que se quejan o que están haciendo tal programa, entonces no quieren hacer tal nota o tal cosa, porque están muy agobiados, muy agotados o muy estresados. Eso a mí me da un poco de vergüenza ajena, porque pienso todo el tiempo en esa persona que se levanta todos los días a las 6 de la mañana para ir a tomar el subte para ir a trabajar y vuelve a las 8 de la noche muerto a su casa, sin ningún tipo de estrés, con la alegría de ganar el pan y su sueldo a fin de mes. Ahí la colonia artística me da un poco de vergüenza ajena.
 
—La última vez que hablamos sorprendieron algunas de tus declaraciones. Me dirás si cambiaron en este año o no. Por un lado, aclaraste que nunca te drogaste con nada y además dijiste que sos convencional a la hora del sexo. Tal vez me decís que este año fue un "living la vida loca".
—Este año estoy bastante más convencional, porque este año estoy enamorado y en pareja con Guillermo [Salvador D'Anna].
 
—Estar enamorado y estar en pareja no implica ser convencional.
—Pero si hablamos del desmadre, por decirlo de alguna manera, o "living la vida loca", la verdad es que tengo muy asociado el amor y el enamoramiento a tener una vida fructífera y sexual totalmente plena con la persona con la que estoy enamorado y no necesito mucho más que eso.
 
—¿Qué excesos te permitís?
—El trabajo es un gran exceso para mí. Es un trabajo continuo estar todo el tiempo entendiendo que, a pesar de que tengo mucha adrenalina y mucha pasión por lo que hago, lo que hago no es lo único para lo que estoy en la vida. También está el disfrute, también está el espacio del ocio y un montón de cosas a las que vengo mal acostumbrado, con poca conducta y disciplina para desarrollarlo.
 
—Mencionaste a tu novio, ¿va a haber casamiento?
—Ojalá. Seguramente, en algún momento va a llegar. Yo creo en la ley de la existencia y de lo cotidiano, no de las cosas predestinadas y creo que estamos construyendo una relación que está buenísima, o sea que, seguramente, quizás alguna vez terminemos casados, quizás alguna vez tengamos hijos, estaría buenísimo. Por ahora, en principio, logró mucho conmigo, vivimos bajo el mismo techo y no lo logró nadie en 39 años, o sea que le pongo todos mis porotos.
 
—¿Qué cosas te enojan?
—En la convivencia con él, nada. Es raro lo que te digo, no es falsa modestia, pero siento que soy muy fácil para la convivencia y él también. Yo soy una persona muy metódica, muy ordenado, muy disciplinado y bastante obsesivo. Él no es así, pero no es muy opuesto tampoco. Es una persona que tiene mucha conciencia del otro, entonces todo el tiempo está todo bien. Lo que me une a él es mucho más profundo que si apretó bien o mal la pasta dental.
 
—¿Seguís con ganas de ser papá?
—Sí, me encantaría. Es un proyecto que está buenísimo y que en algún momento supongo que voy a concretar y mucho más ahora enamorado.
 
—¿Imaginás adoptar?
—Sí, es el formato que más me gusta, el que más me cierra y el que más asocio a mí. Siento que es muy feliz y noble la idea de la paternidad desde la adopción. Sólo veo luminosidad alrededor de la adopción, por lo tanto, me encanta pensar la fantasía o la ambición de mi paternidad asociada a algo luminoso.
—¿Cómo te llevás con los prejuicios?
—No me gustan, no me gustan los prejuicios. Siento que nos achatan, nos recortan, son la base más arcaica de cada sociedad y siento básicamente que los prejuicios nos cagan la vida, por lo cual, trato de no cagarle la vida a nadie y no dejo que me la caguen. No me gusta la gente que se guía por prejuicios hacia mí y no me gusta tenerlos sobre los demás.
 
—¿Cuándo te identificás prejuicioso?
—Soy prejuicioso con la gente de esta profesión que aparece de la noche a la mañana y no está formada. A veces me he llevado sorpresas, porque después resultan con pasta o, con el transcurso del tiempo, terminan dentro del mundo del espectáculo y por solidificación terminan teniendo valores. Pero la verdad es que soy un poco prejuicioso con la gente que es solamente tocada por la varita mágica de la suerte o por el escándalo mediático y que eso les abra un camino en el mundo del espectáculo, porque realmente me gusta mucho más la gente que se gana su lugar en el mundo del espectáculo a tesón de esfuerzo, trabajo y formación.
 
—¿Dónde te has sentido encasillado o puesto en algún lugar por la mirada prejuiciosa de alguien?
—Sigo estando todavía en un lugar bastante encasillado, asociado a lo under, a lo transgresor, a lo polémico, a lo bizarro, a lo diferente, a todo lo que de alguna manera uno identifica como diferente a uno y le ponemos el rótulo, entonces no asusta tanto. Yo creo que el público que se relaciona verdaderamente conmigo, que entra a mi blog, se toma el tiempo de escucharme en una entrevista como esta, donde uno puede desarrollar mucho más que el minuto a minuto de la televisión, o me siguen en Twitter, se encuentran con una persona que no coincide para nada con el imaginario de bizarro, diferente y prejuiciosamente gay.
 
—Vimos muchísimo, cada vez más, actores o gente del ambiente artístico yendo hacia la política. ¿A qué político elegirías para poner en una obra tuya?
—A ninguno, porque los políticos no saben mentir y los actores, para estar en mis obras, tienen que saber mentir muy bien, con técnica y con veracidad.
 
—Pero imagino que no estás diciendo que los políticos no nos mienten.
—Estoy diciendo que los políticos nos mienten y yo me doy cuenta de todo. Todo el tiempo los veo mentir, por eso no hay ningún político que me represente. Siempre me encuentro en un país eligiendo al que siento que menos me va a damnificar. Envidio muchísimo a los compañeros de esta profesión que encontraron un referente político por el cual jugarse, ponerse la camiseta y salir a la cancha; me encantaría que me pase. Desde que tengo uso de razón hasta acá, salvo [Raúl] Alfonsín, que le reconozco absolutamente el poder de haber traído nuevamente a la Argentina la democracia, no hay ningún político por el que yo me rasgaría las vestiduras. A pesar de que reconozco que el Gobierno de Cristina [Kirchner] tuvo cosas súper poderosas y muy importantes que sucedieron y confío en que el Gobierno de [Mauricio] Macri, que está en las antípodas de Cristina, va a hacer lo mismo, por lo cual la mitad de la población lo eligió, pero lamentablemente ni Macri ni Cristina son personas en las que yo depositaría el 100% de mi confianza, como creo que nunca habría que depositar el 100% de la confianza en la clase dirigente.
 
—¿Cómo te sentiste con estas primeras semanas, mes de Mauricio Macri en la Presidencia?
—Como me pasó en su momento con Cristina y con Néstor [Kirchner], a mí me parece que un gobierno no se puede juzgar por sus primeras semanas, todo lo contrario: creo que como argentinos, y especialmente es una voluntad que trato de ejecutar todo el tiempo, hay que tener confianza en la nueva persona que asumió y en su nuevo gabinete, que van a llevar delante un país que, además, tiene la complejidad que es recibir un país de un poder que lo dejó de otra manera. Después, hay que hacer lo mismo que se hizo con Cristina, seguirle el rastro de cerca y, en mi caso particular, creo que mi mejor lugar como ciudadano político es no enamorarme de ninguno de los que me gobiernan, simplemente confiar en ellos para que hagan bien lo suyo. Es su obligación.
—Yendo a lo profesional, ¿cuántas obras tenés ahora en cartel?
—Cinco. Extinguidas, en el teatro Regina. La Casa de Bernarda Alba, Carlos Paz y Mar del Plata. Casa Valentina, que es el gran estreno. Es la primera vez que dirijo un elenco poderosamente formado por hombres, a pesar de que hay dos mujeres, pero son unos actores muy particulares, porque los induje a travestirse en el escenario, así que son como mujeres en la obra, pero en la vida y en el escenario con sus personajes ambiguos son muy hombres. Y en Montevideo tengo El secreto de la vida. Así que es un verano muy poderoso, con cinco obras de teatro y dos programas de televisión, porque tengo mi programa en el Canal de la Ciudad de entrevistas y estoy todas las noches acompañando a Beto Casella en Bendita.
 
—En una charla anterior me dijiste que no te imaginabas en un panel de televisión. ¿Por qué te tentó Bendita?
—Justamente porque Bendita, para mí, es un programa de archivo y de humor, no un programa de actualidad ni de encargarse de la noticia del momento. Tiene una mirada muy ácida, muy corrosiva y además porque es un fragmento temporal de mi momento, o sea, es solamente un tiempo en este verano. Era un fanático del programa, siempre lo seguí y además respeto y me gusta mucho la visión que tiene Beto Casella del mundo del espectáculo, creo que tiene una mirada muy corrosiva y muy auténtica de sí mismo. Siempre demostró que su único Dios es su propio producto y eso a mí me gusta.
 
—Más allá de Casa Valentina, tenés una experiencia trabajando con equipos de mujeres que poca gente tiene. ¿En Extinguidas son nueve o diez?
—Diez. En Bernarda Alba 9 en cada uno, o sea que ya ahí, de movida, hay 28.
 
—¿Trae muchos dolores de cabeza?
—Extinguidas es un espectáculo que es un gran éxito, gracias a Dios, porque el público las eligió, pero también es un gran éxito porque ellas supieron autoadoctrinarse. La gran vedete es la obra, ninguna de ellas, ni yo, todos somos componentes que formamos parte de una relojería y de un movimiento en donde cada uno aportamos nuestro granito de arena, que es súper importante, pero con nuestro ego muy acomodado, porque la gran vedete es Extinguidas. Por supuesto que eso trae dolores de cabeza, porque no es fácil hacerles entender a diez mujeres tan volcánicas; no es lo mismo trabajar con Gustavo Garzón que trabajar con Mimí Pons, no es lo mismo Fabián Vena que Adriana Aguirre, cada uno tiene sus pro y sus contra, pero particularmente Extinguidas son mis predilectas en mi corazón, yo las amo.
 
—Si tenemos una charla dentro de cinco años y salió todo genial, ¿cómo te voy a encontrar?
—Me encontrás más aquietado, porque voy a tener más terapia encima. Cinco años de terapia es un montón, voy todas las semanas regularmente y no falto. Me vas a encontrar padre ya y espero, un poco más sabio, no tan efervescente.