Viernes 24 de Noviembre de 2017 - 11:16:04

Justicia argentina citó a indagatoria a Justin Bieber

El juez de instrucción Alberto Baños pidió que el cantante canadiense Justin Bieber se presente a declarar en los tribunales porteños por la presunta agresión a un fotógrafo en su visita al país, en el año 2013.

El juez Baños, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N° 43, quiere llevar adelante la indagatoria de manera presencial, aunque en un principio se le había permitido al cantante que declarara mediante videoconferencia.

A Bieber se lo acusa por el hecho ocurrido el 9 de noviembre de 2013 en el boliche INK, ubicado en Niceto Vega al 5600 del barrio porteño de Palermo, cuando el fotógrafo Diego Facundo Pesoa fue agredido.

Para la Justicia hay un "grado de sospecha que habilita su convocatoria", es decir, que se presente a declarar como imputado por el hecho.

La denuncia fue presentada ante la Justicia por el abogado Matías Morla que representa a Pesoa y que relató que Justin fue a un "lugar público", y que él con su custodia "rompieron todo, se fueron sin pagar, desarmaron a un policía" y el fotógrafo fue
golpeado.

Los abogados a cargo de la defensa de Bieber habían solicitado que el músico declare mediante videoconferencia, y si bien en un principio la jueza Fabiana Palmaghini, que estaba a cargo del Juzgado N° 43 de manera provisoria, había aceptado, ahora el juez Baños, de nuevo al frente de ese tribunal, revocó esa decisión y ordenó que se presente en persona.

La agresión había ocurrido luego del primer show de la gira "Believe Tour", cuando los seis custodios del cantante golpearon al fotógrafo, causándole daños a él y a su cámara de foto.

Según declaró Pesooa, él escuchó a Bieber decir "go, go, go, (vamos, vamos, vamos)" a modo de orden para que sus patovicas actuaran.

Al otro día del hecho, el domingo 10 de noviembre, Bieber se debía presentar nuevamente en el estadio River Plate, pero a último momento suspendió el show argumentando que estaba intoxicado.

El Chino Darín y Ursula Corberó, enamorados en Madrid

En medio de las versiones que los unían sentimentalmente, el actor argentino y su par española fueron fotografiados muy juntitos...

El Chino y su conquista española, por las calles de Madrid

Bastaron unos pocos meses para que el Chino Darín comenzara a sentirse "como en casa" en España. Ese buen momento que atraviesa el joven actor en el Viejo Continente tiene que ver con el trabajo que lo mantuvo ocupado durante varias semanas -la grabación de la serie La embajada- y por los buenos amigos que fue cosechando en el interín... Amigos y un "algo más".

El protagonista de Historia de un clan quedó rápidamente prendado de su compañera de elenco, Ursula Corbero, y su galanteo encontró respuesta del otro lado."Sólo os voy a decir que Chino es divino, que somos supercompañeros, que me hace reír un montón", contestó la bella actriz cuando un periodista español le preguntó por los rumores de romance. Claro, la chica viene de una reciente separación y parece que no quiere dar señales tan claras de que está nuevamente enamorada...

Sin embargo, los tortolitos dejaron de esconderse y ya fueron pescados en dos oportunidades muy juntitos, por las calles de Madrid. La primera fue de día, mientras compartían un paseo y evitaban tomarse de las manos; la segunda, de noche, tras compartir una cena con el director Fernando Trueba en un restaurante del centro. Los chicos salieron a fumar a la vereda y, entre pitada y pitada, se dieron un beso que confirmó que entre ellos pasan cosas.

Una noche muy especial para Darín y Corberó...

El momento más difícil de Catherine Fulop: entre lágrimas, anunció su salida de Los unos y los otros

La conductora dijo que debía renunciar al programa por motivos personales

"Los unos y los otros es un hermoso programa que tiene que seguir en la pantalla de los argentinos porque presta un servicio a la comunidad. Había algo en mi corazón que me decía que estoy pasando por un momento bastante triste que involucra a mi corazón. Ya se van a enterar, porque involucra a otras personas. Quedamos que me hacía a un costado y preferí quedarme con la radio, tranquila", contó. Aparentemente, se probó un cambio de formato y si bien Cathy grabó un piloto decidió no seguir adelante. Andrea Politti será su reemplazo: "Decidieron volver al formato original y agradezco al canal, a Mandarina, a Mariano Chihade y a Mario Cella y agradezco la oportunidad por esos maravillosos seis meses. Es un momento que en mi vida va a pasar y deseo todo lo mejor porque Andrea Politti se va a poner al frente y si necesitan alguien que haga una suplencia acá estoy".

Hacia el final, Cathy no pudo evitar las lágrimas al aire: "Qué difícil se hace a veces hablar de mis cosas personales, dentro de poco se van a enterar, ya vamos a salir de esto. Es un momento que en mi vida va a pasar. porque la vida va para adelante. Qué difícil se hace a veces hablar de cosas personales, como le pasa a Pampita. Todo lo mejor, porque lo mejor está por venir".

Un argentino en la entrega de los Oscar

Radicado en Los Ángeles, es el guionista de Chau, Beyond the Lines, que compite como mejor corto documental

El corto en competencia se podrá ver próximamente por Netflix

El sueño de Marcelo Mitnik era vivir en Nueva York. Fanático de Woody Allen, un personaje clásico de esa ciudad, siempre disfrutó del famoso chiste sobre Los Ángeles que Alvy Singer dispara en Annie Hall, aquella fabulosa película de 1977: "No quiero vivir en una ciudad cuyo único aporte cultural es poder girar a la derecha con el semáforo en rojo". Sin embargo, ya hace quince años que vive en la costa oeste de los Estados Unidos, justamente en esa ciudad gigantesca y multiétnica de la que se burlaba el neurótico personaje encarnado por Allen. Y no lo pasa nada mal: "Es una ciudad única, maravillosa -dice ahora-. Hay una Los Ángeles mediática, la que luce como una especie de agujero negro cultural. Eso es un lugar común. A mí me llevó nueve meses conectarme con la ciudad, pero una vez que lo logré, empecé a descubrir todos sus beneficios: la gran diversidad étnica y la variadísima oferta de cine, música y gastronomía. Es la ciudad con mayor cantidad de museos per cápita del mundo. Y encima tiene un ritmo muy relajado, muy diferente al de Nueva York, donde todos te atropellan por la calle y te ponen mala cara".

Mitnik tiene 46 años, nació en Córdoba, se fue a estudiar cine a la prestigiosa UCLA y es el autor del guión del cortometraje documental Chau, Beyond The Lines, dirigido por la estadounidense Courtney Marsh y nominado al Oscar. Chau es el nombre de un joven vietnamita que nació con severas malformaciones debido a la contaminación que produjo el agente naranja que el ejército de los Estados Unidos diseminó por buena parte del territorio del país asiático durante los 70. El ataque químico con herbicidas y defoliantes fabricados por empresas como Monsanto y Dow Chemical tenía el objetivo de impedir que las fuerzas vietnamitas se ocultaran en la tupida selva de su país, cuyas características conocían de memoria. Y afectó, dicen algunos estudios, a cerca de cuatro millones y medio de personas. Chau es uno de los 500.000 chicos que sufrieron en su propio cuerpo las consecuencias de aquel acto de salvajismo. "Conocí a Courtney, la directora del corto, en un festival. A ella le encantó En las nubes y yo me volví loco con su film Zary -cuenta Mitnik-. Ahí nació nuestro vínculo. Y ahora acá estoy, pensando en la ropa que tengo que conseguir para la ceremonia del domingo. No lo puedo creer... Soy un fan de los Oscar. Siempre veía las entregas por televisión. Incluso aquel año que nadie en la Argentina compró los derechos de televisación, la seguí por radio. Creo que tenemos alguna chance de ganar, pero intuyo que los grandes favoritos son A Girl In The River: The Price Of Forgiveness y Body Team, que además tienen el apoyo de HBO".

Mitnik también escribió el guión de En las nubes, un corto protagonizado por el neoyorquino Jeremy Glazer y los argentinos Martín Piroyanski, Valeria Blanc, Verónica Hassan y María Canale, que fue exhibido en más de 80 festivales internacionales y cosechó cerca de 30 premios. Y de hecho estuvo esta semana en la Argentina por un tema relacionado con esa película: "Me nominaron para un Cóndor de Plata, y aunque suene extraño, es para mí una satisfacción superior a la del Oscar. Primero porque es un film que escribí y dirigí yo. Pero además porque ser reconocido en tu propio país es un halago especial, sobre todo si vivís hace tanto tiempo en el exterior".

Cuando llegó a Los Ángeles, Mitnik tenía muchas ganas de estudiar guión y muy pocos recursos: "Tenía 30 años. Llegué con 2000 dólares y me compré una laptop porque era necesario tenerla para trabajar en la universidad. En esa época eran carísimas: gasté 1600 dólares en esa compra. Me quedaron 400 y los usé para el depósito que me exigían para alquilar un departamento. El alquiler costaba 625 dólares por mes y conseguí un trabajo en el que me pagaban 675; me quedaban 50 dólares por mes para vivir. Así fue la primera etapa allá, pero lo pasé bárbaro: estaba haciendo lo que quería en el lugar que quería, esa universidad que es, probablemente, la mejor de todas para un aspirante a guionista".

En la UCLA, Mitnik hizo primero un curso de guión de tres años y después logró el difícil ingreso al máster de posgrado. Había apenas 12 vacantes, y sólo una destinada a un extranjero. Fue él, que muy pronto consiguió trabajo como guionista y también empezó a incursionar en la fotografía con buena estrella: ganó el primer premio en el concurso Visions of Los Angeles.

Sobre el trabajo en la industria del cine de los Estados Unidos, Mitnik destaca "la altísima profesionalización de cada rubro: hay muchos guionistas que pueden vivir de su trabajo; de hecho, es lo que hice yo los últimos años. Eso es fundamental para que la industria argentina progrese. Por otra parte, cuando comparamos lo que se produce en la Argentina con lo que se produce allá, hay que poner el foco en algunos detalles. La mayor parte de las buenas series americanas que ves tienen pocos capítulos (10 por temporada, promedio) y un equipo de varios guionistas. En la Argentina se hace una tira de 80 capítulos con un equipo súper reducido, es dificilísimo que salga bien de punta a punta. Y hacer 80 horas de buena comedia es imposible. Nosotros hicimos un casting de un año para decidir el elenco de En las nubes. Y vinieron muchas actrices que trabajan en la TV argentina. La mayoría hacía lo que se hace en las tiras: intentaban todo el tiempo llenar el espacio, agarraban una frase y la estiraban como un chicle, porque tenés que grabar 80 capítulos. Pero ese modo de trabajar es el enemigo número uno del timing que necesita la comedia. Quizá Larry David puede improvisar y acertar el 90% de las veces, pero no es lo común. Vean Getting On, la serie de HBO, y tendrán un ejemplo acabado de lo que es un buen guión, que facilita y favorece el trabajo de un actor".

Este año, los planes de Mitnik son acotados: la escritura de un guión para una película que lo entusiasma pero de la que aún no puede dar demasiados detalles ("hay argentinos y mexicanos involucrados", suelta) y el trabajo en el que será su primer largometraje: "Cuando hice En las nubes, la idea era conocer gente y armar equipo para esta película que quiero filmar en la Argentina. Es un drama psicológico con elementos de thriller, algo que en Estados Unidos etiquetan como home invasion. Recién estoy empezando, así que no tengo mucho para contar. Hay muchos actores argentinos que admiro y con los que me gustaría trabajar: Ricardo Darín, Rodrigo de la Serna, Joaquín Furriel... Lo único seguro es que quiero hacerla acá porque la gente que trabaja en cine en la Argentina tiene un sentido de comunidad que en Estados Unidos no existe. Allá termina de rodarse la película y, adiós, se acabó todo".

Así se rescataron 1500 discos de grandes músicos argentinos

Cómo fue el recorrido del catálogo de las obras editadas por el sello Music Hall, que tras muchos años vuelve a manos de sus creadores.

Pintura de época. El segundo álbum de Serú Girán: una mirada ácida de la realidad.

El lunes se conoció la noticia de que, tras un largo proceso de negociación encabezado por el instituto Nacionial de la Música (INAMU), que incluyó el desembolso de 2 millones 750 mil pesos, alrededor de 1.500 obras de músicos argentinos editadas por Music Hall -entre ellas títulos como Lo que vendrá, de Astor Piazzolla, La grasa de las capitales, de Serú Girán, la discografía de Arco Iris, Billy Bond y la pesada y Pappo´s Blues, y los primeros álbumes de León Gieco- volverán a manos de sus autores, quienes podrán disponer de un patrimonio de enorme valor cultural que de este modo estará seguramente de nuevo a disposición del público.

Pero la historia viene de muy lejos; de cuando allá por 1956, un argentino emprendedor y visionario decidió que era un buen negocio dedicarse de lleno a generar un sello discográfico donde tuviesen cabida los más importantes artistas argentinos y algunas jóvenes promesas que iban camino de serlo. Así Nestor Selasco fundó Music Hall, empresa que iba a distribuir long play de ídolos de la época como Los Fronterizos, Eduardo Falú, Leopoldo Federico, Aníbal Troilo, Hugo Díaz e Isaco Abitbol entre muchos otros exponentes de nuestra música popular.  

El éxito fue inmediato, y quince años mas tarde llegó a la compañía el rock argentino, de la mano del productor Jorge Alvarez y de un artista de música beat que se hacía llamar Billy Bond, El Rebelde. La pequeña empresa familiar se amplió, y llegaron a trabajar en ella más de 150 personas. Haciendo las cosas a su manera, Selasco y su staff apuntaban a convertirse en la compañía discográfica independiente más grande del país, llegando a pelearle codo a codo las listas de éxitos a monstruos monopólicos como RCA, CBS, Polygram y EMI Odeón, compañías extranjeras que no tenían preocupaciones de índole financiero.

“La visión de un tipo como Selasco fue decisiva en todo momento”, recuerda León Gieco, y agrega: “Cuando estaba grabando Pensar en Nada, llegó una noche el bandoneonista Dino Saluzzi, quien en lugar de aparecer en una grabación de Litto Nebbia, en otro estudio, llegó a la mía. Dino me pidió si podía grabar algo, porque andaba medio mal de guita. A mí me había quedado un tema fuera del disco, así que le dije que grabara algo en ese tema. Esa noche, cayó al estudio Charly García, que andaba de gira por la ciudad, y cuando escuchó lo que habíamos grabado me dijo que teníamos que meter esa canción en el disco. Así que cuando lo terminamos, se lo llevé a Selasco, y determinó que el tema tenía que ser el corte y apertura del álbum. Era Solo le pido a Dios.”

Alfredo Rosso, periodista especializado y curador de muchas reediciones de rock argentino, había entrado en la empresa en 1976 para ocuparse de las ediciones internacionales “Una tarde me llamó Selasco a su oficina, para mostrarme el vinilo triple de Emerson, Lake & Palmer; y en un tono de reproche me preguntó: ‘¿Por qué no estamos sacando este disco nosotros?’. Me quería morir... ¡el tipo era un adelantado!”. 

Por esa época, frente a la llamada “crisis del petróleo” y la escasez de vinilo, la familia Selasco decidió primero importar los discos desde Uruguay, y luego triturar buena parte del stock de vinilos que había en los depósitos de la empresa, para reutilizar esa materia prima. Pero el resultado fue magro ya que junto con el vinilo también se trituraban las etiquetas de esos discos, y el sonido se resentía.

No obstante, el éxito del sello de rock Sazám Records, fogoneado en 1982 por la Guerra de Malvinas, amplió aún más el poderío de Music Hall. Hasta que a fines de la década comenzaron los problemas. Hacia 1990, algunas divisiones en la familia y un tema de salud de Selasco empezaron a generar algunas grietas en las columnas centrales de la empresa; en 1993 la compañía entró en un concurso de quiebra y un año más tarde todo el rezago de stock (miles de discos) terminó en una mesa de saldos en una improvisada disquería dentro de su propio edificio. Así, un día Music Hall cerró sus puertas, y su inmenso catálogo, calculado en unas 4 mil obras, desapareció en las tinieblas del tiempo. 

“Junto a mi hermano estuvimos luchando muchos años por recuperar los siete discos de Zas allí publicados –cuenta Miguel Mateos-, pero nunca tuvimos éxito”. Recién en 2005, Kuki Pumar, dueño de Leader Music, compró temporalmente los derechos de parte del catálogo argentino y publicó los siete discos de Pappo’s Blues con sus tapas originales, remasterizados y en formato digi-pack. 

Sin embargo, la esperanza de recuperar el resto de las cintas originales se desvaneció una vez más al vencer la licencia. Y sólo habría silencio hasta que, en 2013, el Instituto Nacional de la Música (INAMU) se cargó al hombro la difícil tarea de liberar los derechos de las obras perdidas.

“Es una idea que me estuvo rondando en la cabeza durante muchos años. Esto estaba congelado desde 1993. Celsa (Mel Gowland, vicepresidenta del Instituto) y yo somos de una generación para la cual muchos de los grupos musicales que escuchábamos a fines y mediados de los ‘70 eran de los sellos Sazám o Music Hall. Cuando nos dimos cuenta de que este catálogo estaba en un proceso judicial, pensamos que había que recuperarlo para darle a los músicos, que durante todos estos años no cobraron derechos ni nada sobre esas canciones, la libertad de decidir que hacer con ellas. Fue un trabajo de mucha constancia y seguimiento. A algunos artistas les avisamos por teléfono, a otros, con los cuales tenemos mucha confianza, se los dijimos personalmente. Y fue algo muy emocionante”, cuenta Diego Boris Maccioco, presidente del INAMU. 

Si como se dice, el catálogo es la mayor fortaleza de cualquier compañía discográfica, sin duda los 1.500 registros recuperados devuelven a la cultura argentina un patrimonio de un valor que supera por mucho a lo desembolsado, pero que además abre a partir de ahora un infinito abanico de posibilidades y que, por sobre todo, hace justicia.